sábado, 17 de octubre de 2009

Raùl Gòmez Jattin

Raúl Gómez Jattin, nació en Cartagena de Indias (Colombia) el 31 de mayo de 1945, y pasó su infancia en Cereté, ciudad que alude en sus poemas y libros. Falleció en Cartagena la madrugada del 23 de mayo de 1997. Era descendiente de libaneses.
"Desde muy niño, mi vida se la aposté al arte, específicamente a la literatura. Mi padre me decía a Luis Carlos López de memoria... Pero la poesía me ha deparado (no precisamente costado) locura, pobreza y soledad. Y trabajo, muchísimo trabajo. Pero también ha traído a mi vida ocio, gran alegría y amistad. No soy, pues, un hombre amargado, sino simplemente estoico. Me limito a decirles a otros de mi dolor de estar vivo y del placer de estarlo, mirando el río Sinú, el mar y las murallas de Cartagena o el rostro de alguien, que de alguna manera, trascendente y oculta, me dice que el mundo está vivo". Así hablaba Gómez Jattin en una de sus visitas a Bogotá, donde, por otra parte, había vivido cuando estudió derecho en la Universidad Externado de Colombia y, entre otras cosas, fue actor de teatro. En los últimos años de su vida estuvo en Cuba, en una cura ya inútil, víctima de una esquizofrenia maníaco-depresiva por el abuso de drogas que en un momento de crisis lo llevó a la muerte. En Cartagena, donde huía del hospital y vivía en las calles como un indigente, en uno de sus frecuentes estados de alucinación se lanzó a un vehículo en marcha. Poco antes había escrito: "Estoy prisionero en una cárcel de salud, y me encuentro no marchito, me encuentro alegre como una mariposa acabada de nacer. ¡Oh quién fuera hipsipila que dejó la crisálida! ¡Vuelo hacia la muerte!".

PRÍAPO EN LA HAMACA

Cuando te conocí venía de estar muerto
Muerto y amortajado en mis propios recuerdos
Venía de esconderme en una grave locura
que tomaba mi vida y se la ofrecía al viento
para que él la llevara a un lugar ciego lejos
libre de aquellas cosas que parecen la vida
y que la ocultan a costas de nuestra lozanía
Libre de la desdicha de ser amargo y solo

Cuando te conocí hasta el sol era enemigo

Las palabras habían huido de mi voz

Llevaba tantas noches sin tomar una mano
que era de dolor y hielo el hueso de las mías

Hoy estás allí en la intimidad de mi hamaca
tendiendo como un fauno priápico y soñoliento
el cuerpo de tu virginidad entregada

No te amo demasiado pero te necesito más que al poema

Raùl Gòmez Jattin







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