miércoles, 21 de octubre de 2009

Personaje Calleshortbus


Christian Howard (San Andrés Islas, 1986)

Escritor colombiano en ascenso, nacido en San Andre islas. A la edad de 8 años se traslada hacia la ciudad de Cartagena, tierra en la que teje las más fantásticas historias nacidas de los corredores periféricos de esta ciudad.

Sus escritos reflejan vivencias, olores y sabores que se destilan a lo largo y ancho de los barrios que componen la Cartagena negra. Negra porque es su color favorito, aunque la melanina no le alcance para embetunar su piel completamente. Negra porque dentro su ciudad el asfalto se hace gente para recrear un universo de historias. Negra porque reconoce la riqueza de una cultura marginada por los azares de una sociedad racista.

De Madre isleña y de padre Paña, C.C.H.H. constituye un caso particular por la contundencia de sus narraciones. Asesinatos, homosexualismo, lesbianismo, homofobia, exclusión social, son los componentes que extrae de su realidad y los hace relatos; relatos que se caracterizan por mirar al lector de frente y lo confrontan directamente con los sucesos que en la cotidianidad muchas veces se ocultan tras el velo de la invisibilización de los sectores hegemónicos.

A sus 23 años, es Técnico en Gestión de Recursos Naturales con un énfasis más grande que su estatura y actualmente es estudiante del programa de Comunicación Social de la Universidad de Cartagena. Entre sus logros se encuentran, su ineludible lenguaje para contar las historias y su espontaneidad a la hora de referirse a lo común. No le tiene miedo a la polémica que generan las vivencias cotidianas de los barrios cartageneros y con lápiz en mano hace de las calles de su barrio la materia prima de su desbordante narrativa; y de sus vivencias, el motor con que catapulta su visceral forma de plasmar la realidad.

Por eso, Calleshortbus le abre un espacio al talento cartagenero y a lo largo de mes y medio tendremos los textos más conmemorativos de este joven autor. En esta ocasión, los invitamos a leer uno de sus relatos, el cual participo del Segundo Concurso Nacional de Cuento RCN-Ministerio de Educación y quedo clasificado dentro de los 90 mejores cuentos del país. A continuación los dejamos con CONTEO


CONTEO

Caminando con la superstición en el hombro, le pareció estar dando vueltas entre calles que había visto en alguno de sus dejavús. Notaba algo extraño en su andar, sabia que algo era distinto en él. Se da cuenta que entre paso y paso su subconsciente le susurra algo al oído…

- números-.
Nunca había pasado; definitivamente entre su mente y su espíritu se estaba produciendo algo que su cuerpo no conocía.
Ensimismado y pensando en los números de su subconsciente, nota que mientras cuenta, salta las líneas negras de brea que forman los cuadros divisorios de las calles segundarias de la ciudad, -no he tocado ninguna, no he perdido- dijo, mientras seguía dando vueltas por las calles de la carrera 82 del barrio Simón Bolívar.
-me duele el pecho- piensa, mientras pasa su mano derecha sobre el tórax sin detener la mirada en ello. Observa en profundidad a lo lejos lo que está exactamente a su frente; es su casa, decide no llegar. Sigue caminando y saltando las líneas de brea pero esta vez en zigzag sin reflexionarlo mucho.
-451, 452, 453- La calle llena de gente sólo le advierte que en el barrio esta ocurriendo una de las riñas habituales, por lo que no detiene su conteo, -454, 455, 456-. Ve pasar a su lado a Esther, su vecina, quien parece muy intrigada por lo que ocurría en la “riña”. Ésta no advierte su presencia. –ESTHER- , la llama; pero no obtiene respuesta alguna de la intrigada joven, mientras un fuerte dolor le llega repentinamente a la cabeza.
Siente que el juego se ha tornado aburrido y el conteo llega finalmente hasta 777. -¿y si retrocedo?-. Empieza entonces un conteo regresivo, esta vez totalmente conciente de lo que hacia y mirando detenidamente lo que a su alrededor ocurría. Nota que cada vez se aleja más de su casa, y que algunos de los gritos que había escuchado entre la multitud, se hacían cada vez más agudos y cercanos. La cefalea aumentó.
Sintiéndose ahora realmente turbado y con las manos entumecidas por un repentino frío, sigue con el conteo regresivo -98, 97, 96-. El dolor en el pecho mengua.
Escucha los gritos muy cercamos a él, por lo que decide voltear; son gritos de mujer, es su mamá.
Observa que ella se dirige directamente hacia él caminando rápidamente, pero pasando a su lado sin percatarse de su presencia. Confundido y decepcionado intenta llamarla, a lo que recibe como respuesta una mirada. Pero sólo eso, una mirada. La mujer voltea, pero continúa caminando y gritando escoltada por el hermano e intentando llegar lo más pronto posible a la “riña”.
Continua con el conteo y finalmente después de unos segundos advierte que no siente dolor alguno, pero sus manos continúan frías, -10, 9, 8- decide seguir caminando en dirección a su madre y su hermano. Llega hasta la muchedumbre y observa a su madre apartando cuerpos para poder llegar al centro de la “riña”.
La sigue sin mucho esfuerzo y la observa a la cara, mientras ella mira hacia abajo sin llorar y con semblante totalmente transfigurado -3, 2, 1-.
La observa mirando su cuerpo tendido en el piso. Se observa a si mismo tendido en el piso.
Observan ambos su cuerpo muerto,



-Estoy muerto-.





Christian Howard

lunes, 19 de octubre de 2009

Sin ánimo de ofender

Entre tanto las palabras comenzaron el camino al suicidio…

Como la gota que se precipita al vacio, apresurado y vertiginoso; eran saltos que desafiaban la inactiva “gravedad”.

Sin la angustia de poseer tentáculos para aferrarse al aire, - solo era un salto a lo profundo- Una tras otra… y en el suelo se tejía el soneto de una palabra rota.

Nadie cuenta como aun después de tan exquisita tragedia, se engalanan los versos con aquellos cuerpos vacios.
Parece que todos olvidaron que el movimiento es la ficción más recurrente en la que solemos mirar nuestros pies.

Exquisito suicidio el de las palabras: poetas, putas y proxenetas parecen nombrarse con los mismos términos; y peor aún, parecen significar lo mismo.

Poetas, putas y proxenetas se avientan al vacio para recoger lo poco que queda para formar versos. Algunos de compras, otros de ventas y el ultimo de lastima.

Poetas, asesinos nocturnos, que se embriagan y fornican con putas.

Proxenetas de la palabra,
Una generación tan malparida

Putas de escenario, de vino y piernas a medio lado.
Traficantes de sexos inimaginables, pendejos de salones con voces graves para generar excitación. – Putas de ojos tristes, caminar encorvado y las palabras más raras en un léxico suicida.

Poetas, puros malparidos… aquellos que se creen con el alma más puta en esta puta naturaleza… Puros malparidos sobornando la tragedia del amanecer...

Jugando con las sombras, rompiendo espejos, malparidos que se acuestan con Hölderlin, Schuler, Goethe… Amanecen con Kavafis y añoran al dios muerto de Nietzsche.

Poetas malparidos, de sueños suicidas.

Rapsodas de mierda, con bolsillos vacios y una garganta amplia para meterle la reserva más vieja y el habano más caro de este cochino pueblo…

Putas y proxenetas, con esos cuerpos cansados; de figuras caricaturescas… de muchas palabras (palabras muertas)…

Cadáveres, putas de mierda… Malparidos…

Y pensar que con lápiz y palabras en mano, alguna vez quise ser uno de ellos

Gao

domingo, 18 de octubre de 2009

Callearte
“Un objeto en un museo es, posiblemente, el que tiene que escuchar más tonterías en todo el mundo.”

Goncourt

sábado, 17 de octubre de 2009

Raùl Gòmez Jattin

Raúl Gómez Jattin, nació en Cartagena de Indias (Colombia) el 31 de mayo de 1945, y pasó su infancia en Cereté, ciudad que alude en sus poemas y libros. Falleció en Cartagena la madrugada del 23 de mayo de 1997. Era descendiente de libaneses.
"Desde muy niño, mi vida se la aposté al arte, específicamente a la literatura. Mi padre me decía a Luis Carlos López de memoria... Pero la poesía me ha deparado (no precisamente costado) locura, pobreza y soledad. Y trabajo, muchísimo trabajo. Pero también ha traído a mi vida ocio, gran alegría y amistad. No soy, pues, un hombre amargado, sino simplemente estoico. Me limito a decirles a otros de mi dolor de estar vivo y del placer de estarlo, mirando el río Sinú, el mar y las murallas de Cartagena o el rostro de alguien, que de alguna manera, trascendente y oculta, me dice que el mundo está vivo". Así hablaba Gómez Jattin en una de sus visitas a Bogotá, donde, por otra parte, había vivido cuando estudió derecho en la Universidad Externado de Colombia y, entre otras cosas, fue actor de teatro. En los últimos años de su vida estuvo en Cuba, en una cura ya inútil, víctima de una esquizofrenia maníaco-depresiva por el abuso de drogas que en un momento de crisis lo llevó a la muerte. En Cartagena, donde huía del hospital y vivía en las calles como un indigente, en uno de sus frecuentes estados de alucinación se lanzó a un vehículo en marcha. Poco antes había escrito: "Estoy prisionero en una cárcel de salud, y me encuentro no marchito, me encuentro alegre como una mariposa acabada de nacer. ¡Oh quién fuera hipsipila que dejó la crisálida! ¡Vuelo hacia la muerte!".

PRÍAPO EN LA HAMACA

Cuando te conocí venía de estar muerto
Muerto y amortajado en mis propios recuerdos
Venía de esconderme en una grave locura
que tomaba mi vida y se la ofrecía al viento
para que él la llevara a un lugar ciego lejos
libre de aquellas cosas que parecen la vida
y que la ocultan a costas de nuestra lozanía
Libre de la desdicha de ser amargo y solo

Cuando te conocí hasta el sol era enemigo

Las palabras habían huido de mi voz

Llevaba tantas noches sin tomar una mano
que era de dolor y hielo el hueso de las mías

Hoy estás allí en la intimidad de mi hamaca
tendiendo como un fauno priápico y soñoliento
el cuerpo de tu virginidad entregada

No te amo demasiado pero te necesito más que al poema

Raùl Gòmez Jattin